1-LOS SENTIMIENTOS DE LOS NIÑOS FRENTE A LA MUERTE
Las modalidades de comunicación del niño son distintas a las del adulto. Valorando la edad los canales de expresión preferidos para comunicarle la realidad de la muerte son:
- lla fábula. Es un modo eficaz de introducir gradualmente al niño a la comprensión, a la luz de una narración.
- El uso de imágenes de la naturaleza. El recuerdo concreto de una flor marchita o de un pajarito muerto pueden servir de comparación para facilitarle la comprensión del acontecimiento.
- El juego. A través de él podemos elaborar el duelo dando expresión al malestar de la situación.
- El dibujo. Es un recurso para narrar su historia interior a través de colores.
Las reacciones emotivas del niño ante la muerte son semejantes a las de los adultos, aunque expresadas de manera distinta ellas son: la tristeza por lo sucedido, ira por haber sido abandonado, temor por quedarse solo, temor porque los padres puedan morir, sentimiento de culpa por haber causado la muerte.
En el niño se plantean tres preguntas:
¿Causé yo la muerte? ¿Me sucederá a mí también? ¿Quién me ayudará ahora?
En cuanto a la participación en los ritos fúnebres muchos padres dudan si involucrarlos o no por el temor a que esta situación los traumatice.
En realidad tenerlos alejados no evita que ellos se den cuenta de los cambios sucedidos en el ambiente y traten de buscar respuestas. Si un niño desea participar hay que permitírselo ya que el estar involucrado, el acompañar a los demás, lo hace sentirse partícipe de la situación y no quedarse por fuera de la misma.
Es conveniente previa información de lo que sucederá y de quienes estarán.
La muerte le suscita al niño preguntas como: si el difunto puede comer, si siente frío etc. Debemos darles respuestas sencillas y apropiadas que lo ayudarán a avanzar en el camino de la comprensión del misterio de la muerte por lo que debemos evitar en los primeros años las respuestas filosóficas.
2-CONDUCTAS ESPERABLES EN EL INGRESO AL JARDÍN DE INFANTES.
Algunas características del período de adaptación son:
- Puede ser que no presente dificultades en su ingreso, pero repentinamente no quiera ir más y llora al entrar. De no haber cambios importantes a los que se les pueda atribuir el llanto, es que todavía el niño no estaba del todo adaptado por lo que luego de un fin de semana, de unas vacaciones, o por haber faltado unos días empieza nuevamente la adaptación.
- Conductas agresivas: el niño se muestra más agresivo tanto en su casa como en el Jardín, mediante berrinches, pegar, morder, etc. esta manifestando su enojo inicial por esta nueva situación. Es algo pasajero y natural que debe tomarse con mucha calma y comprensión entendiendo que es el modo que tiene para expresar lo que siente, pero marcándole que no es lo correcto.
- Conductas regresivas: en algunos niños se pueden ver dificultades o regresiones en el sueño, en la alimentación, en el control de los esfínteres (no quieren comer solos, vuelven a mojarse, se despiertan muchas veces en la noche etc.) que se irán pasando con el apoyo y la firmeza de los padres.
- Conductas depresivas: es de esperar que estén más sensibles, que lloren “por nada”, que estén mas “pegados” a su mamá o papá, hay que darles “mimos” pero no demasiados.
3-LA FAMILIA SE AGRANDA, LLEGA UN HERMANITO
Compartir la niñez con hermanos favorece el desarrollo del niño, que se ve enriquecido en los aspectos sociales, cognitivos y afectivos de una manera notable en relación a quien carece de esta circunstancia. Entre hermanos se ensayan y practican aprendizajes que son importantes para la vida fuera del ámbito familiar.
Pese a esto el nacimiento de un hermano es uno de los momentos más intensos y estresantes en la vida de los niños.
En este momento todo cambia, hay mucho más trabajo, la mamá deberá reacomodarse nuevamente a su función y los roles de esposos quedarán ocultos bajo los de mamá y papá.
De hecho hay menos tiempo para hacer todo lo que se hacía antes con el niño, como jugar, conversar, o cualquier otra actividad. Esto genera en el niño sentimientos de pérdida, que por un lado son reales en cuanto al tiempo que le dedican sus padres, pero que en el fondo se traducen por la fantasía del "miedo de perder a sus padres, de ser abandonado por su hermano".
Más allá de las individualidades de cada caso, hay rasgos comunes en las respuestas de los niños en esta situación que se consideran normales:
- Surgen conductas agresivas hacia el bebé o hacia los padres mostrándose más irritable y desafiante.
- También es frecuente que aparezcan conductas propias de etapas anteriores que ya habían sido superadas, volver a mojar la cama, querer usar mamadera o chupete, se vuelve más dependiente y demandante.
- Si hay mucha ansiedad pueden aparecer problemas en el lenguaje.
Se puede calcular que luego de los primeros meses la mayor parte de los niños que tienen un buen apoyo familiar logran superar esta situación y alcanzar un nuevo equilibrio dando paso a un nuevo nivel de madurez e independencia.
En cambio hay niños que no resuelven bien la incorporación de un hermano en la familia y mantienen dificultades por largo tiempo, necesitando muchas veces un apoyo fuera de la familia.
4-¿QUÉ PIENSAN Y SIENTEN LOS HIJOS FRENTE A LA SEPARACIÓN DE SUS PADRES?
Es muy difícil poder generalizar acerca de los efectos emocionales que provoca el divorcio en los hijos, pero se pueden identificar algunos elementos. Es frecuente y esperable que en un primer momento el niño presente algunos síntomas como por ej. descenso del rendimiento escolar, tristeza, irritabilidad, agresividad, reaparición de conductas que habían sido superadas etc. Generalmente y dependiendo de la evolución familiar esta sintomatología es transitoria.
El divorcio le puede producir dolor al niño, pero no enfermedad. Lo que sí puede producirla son otros componentes de la interacción familiar que acompañan esta situación, por lo que los padres deben actuar con madurez y responsabilidad.
El niño debe aceptar la separación de sus padres, cosa que no la hace de un día para el otro sino que necesita de un tiempo para asimilar los cambios concretos de la situación transitando por un proceso de duelo que le genera sentimientos contradictorios.
Con el paso del tiempo el duelo se va resolviendo de una manera saludable.
Uno de los factores más perjudiciales para el niño es el conflicto y la discordia parental.
Esta situación provoca ciertos temores como por ejemplo :
- Miedo de haber sido la causa de la separación: frente a la pregunta interna de por qué sus padres se separan el niño se siente responsable ya que no existe un niño que no haya hecho rezongar a sus padres.
- Miedo a que quieran divorciarse también de ellos, lo que implica un miedo al abandono que se da con mucha frecuencia, por lo que es muy importante decirles que nunca van a abandonar su rol de padres.
- Además se puede ver que el niño tiene fantasías de reunión y de reconciliación, cosa que es muy entendible pero que no se debe alimentar generando falsas expectativas como por ejemplo los paseos o las reuniones familiares no son recomendables hasta que el niño haya superado ésta situación.
Es importante informar adecuadamente, pero lo es más actuar y comportarse acorde a lo que se le dice al niño, ya que el verdadero concepto de lo que es el divorcio se podrá formar sobre la base de lo que se hace y no de lo que se dice.
Hay que asegurarse que la información que los hijos reciban sea la que ellos necesitan y no la que necesitan los padres para descargar sus propias emociones y frustraciones.
Es necesario que los hijos puedan expresar sus emociones y preocupaciones libremente, ya que con frecuencia sucede en los niños más pequeños que no manifiestan dudas o preguntas en el momento que se les informa, pero éstas van a llegar más tarde y hay que estar preparado para hacerles frente cuando y donde surjan.
Para terminar quisiera destacar que lo más importante es que ambos padres puedan realmente dejar el rol de padres fuera del conflicto de la pareja y que entonces puedan en los hechos concretos ahuyentar los miedos de sus hijos y reasegurarlos para que puedan seguir desarrollándose normalmente.
Lic. Andrea Seifert
Psicóloga.
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